Israelíes llevan la jardinería urbana a los niños de Harlem

09/Ago/2016

Enlace Judío, México, Por Abigail Klein Leichman (traducido por Silvia Schnessel)

Israelíes llevan la jardinería urbana a los niños de Harlem

Seed Street (Calle de la semilla) enseña a
los niños a cultivar hortalizas hidropónicas en contenedores reutilizados de
transporte, y luego los venden
Llueve mucho en Harlem, el barrio norte de
Manhattan, sinónimo de cultura afroamericana de la ciudad de Nueva York. Sin
embargo, en agricultura, Harlem es un desierto.
Una joven con raíces en Israel – un
verdadero desierto con agricultura próspera – inició una granja hidropónica
urbana en Harlem suministrando productos orgánicos cultivados localmente junto
a una ración de capacitación para jóvenes.
Lo que es más, Seed Street de Leigh Ofer
hace que los niños de Harlem planten huertos hidropónicos dentro de
contenedores de transporte reutilizados. Este material tiene resonancia
simbólica dado que los antepasados de Ofer fundaron la compañía naviera Ofer
Brothers en 1950 en Israel, y su familia mantiene fuertes lazos con la
industria del transporte marítimo internacional.
Una clase de justicia ambiental que tomó en
la Universidad Brown abrió los ojos de Ofer.
“Vi que en EE.UU. hay tanta abundancia,
pero la gente carece de una conexión con la tierra y sus almas”, dice. “Todo el
estilo de vida es tan artificial y fabricado. Creo que todo comienza con lo que
uno se pone en la boca”.
Ofer y su socia de
negocios, criada en Manhattan DJ, modelo y gurú del estado físico Hannah Bronfman,
impulsó Seed Street en julio del año pasado. Tan inusualmente comprometidas a
los 26 años, se les unió otra visionaria social de la misma edad, Anisha
Atluri, logrando fundar una granja experimental en la Sociedad de Ayuda a los
Niños en Harlem.
“Decidimos utilizarla para probar cómo
ayudar a las comunidades en crisis”, dice Ofer.
Juntas idearon Crecer, Mover y Crear, un
programa STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas, por sus
siglas en inglés) de tres tardes a la semana que introdujo a un grupo de niñas
de 8 a 10 años en el cultivo hidropónico, yoga y meditación y expresión
creativa.
“Hay que trabajar con lo que la gente
tiene”, dice Ofer de la población en la que se enfocó por su nivel económico y
social. “Cuando la gente lucha por la supervivencia, no se puede lanzar
orgánicos en la cara o superponer ideales que no son suyos. Hemos creado una
solución que puedan integrar en su vida cotidiana, que tiene sentido para
ellos, y ofrece un santuario y un punto de conexión en su entorno existente”.
Impacto social
Nacida en Hong Kong y criada en Singapur,
Suiza, Nueva York y Tel Aviv, Ofer terminó la escuela secundaria y el servicio
militar en Israel antes de ir a Brown.
El concepto de aprovechamiento de los
espacios urbanos subutilizados para la agricultura y la reutilización de un
producto le pareció “una manera muy regenerativa de incorporar la educación de
mi familia y traerla a una nueva era de la interconexión”.
Ofer acredita a Atluri con poner la gran
idea en práctica. Asociada a una firma de capital privado durante el día y
granjera urbana por la noche, Atluri conoció a Ofer después de ocho meses de
desarrollar inversiones de tecnología agrícola en Haití.
“Mi pasión es aplicar lo mejor del mundo de
las finanzas para hacer un impacto social a través de proyectos orientados por
capital de riesgo”, dice. “Hay una necesidad de hacer agricultura en entornos
urbanos económicamente relevantes, viables y frescos para la juventud urbana”.
Los productos Seed Street podrían ser
vendidos por agricultores jóvenes en los mercados de agricultores locales,
restaurantes, tiendas, distribuidores y cajas CSA (agricultura apoyada por la
comunidad).
Las lecciones aprendidas del proyecto
piloto de 12 semanas, que terminó en mayo, se aplicarán en la ampliación, dice
Atluri.
“Una vez que estos niños entran a la
escuela secundaria y más allá, se convierten en mayor riesgo y realmente desean
ese sentido de emancipación. Así que nuestra siguiente fase es ampliar a una
pequeña red de granjas en los alrededores y ofrecer medios de marketing y
comercialización. Les enseñaremos las habilidades que necesitan para trabajar
en un ambiente hidropónico de vanguardia y tomar posesión de ese espacio”.
El eslabón perdido
Las organizaciones de creación de
comunidades de otras ciudades y países ya se están acercando a Seed Street para
replicar el modelo. A Ofer le gustaría algún día adaptarlo a Israel.
“Israel fue forzada por la necesidad a
innovar en la agricultura y generar sus propias fuentes de alimentos, y se
convirtió en líder en innovación agrícola”, dice. “Como resultado, tiene un
ecosistema y forma de ser cohesiva mucho más natural. La gente ya está comiendo
directamente de la granja. Eso es muy bonito, pero hace que el cultivo
hidropónico de un mercado sea más difícil de penetrar en la corriente
principal”.
En los viajes a Israel, ha explorado
proyectos tales como el jardín hidropónico público de la Ciudad en el techo del
centro comercial Dizengoff Center de Tel Aviv.
Las verduras hidropónicas requieren
alrededor de 90 por ciento menos de agua, ocupan alrededor de una quinta parte
del espacio, y tienen mayor contenido de vitamina que los plantados en el
suelo.
Pero para Ofer, se gana algo más visceral
con la agricultura urbana.
“Veo cómo nuestras vidas están diseñadas en
la era postindustrial de la información y es algo con lo que batallo cada día”,
confía. “Estamos unidos y sin embargo, tan solos. ¿Puede la agricultura ser el
eslabón perdido?”